Actualidad 

El nuevo aeropuerto de Norman Foster

31/10/2014


Saturado y cada vez menos competitivo, el Aeropuerto Internacional de la Ciudad México (AICM) necesita una urgente ampliación: 470.000 metros cuadrados en un terreno aledaño a la actual infraestructura, que costarán unos 10.000 millones de dólares. La magnitud del empeño explica, en buena medida, que el ganador del concurso haya sido Norman Foster, reconocido como el máximo especialista en esta clase de edificios y que en esta ocasión se ha asociado con Fernando Romero, discípulo de Koolhaas y yerno del magnate mexicano Carlos Slim. Imponiéndose a figuras como Zaha Hadid o Rogers Stirk Harbour, a firmas corporativas como SOM, Gensler o Pascall Watson, y a estudios locales como el de Teodoro González de León, la propuesta de Foster da una vuelta de tuerca a las grandes innovaciones que desde hace más tres décadas viene introduciendo el británico en este tipo de infraestructuras. Al igual que el aeropuerto de Stansted en Londres, las instalaciones técnicas quedarán soterradas de manera que el edificio quede inundado de luz natural, y como en los casos de Hong Kong y Pekín, se reducirán los recurridos y se limitarán los cambios de nivel. Pero a diferencia de estos, la nueva terminal mexicana —cuya planta evoca, de un modo un tanto previsible, las alas abiertas de un águila— renunciará a los pilares, cubriéndose con una bóveda de acero continua que recuerda la del proyecto Climatroffice, una visión estructural de Foster y Buckminster Fuller que ha esperado cuarenta años para verse materializada en forma de aeropuerto.



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