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Balkrishna Doshi, Premio Pritzker 2018

Geografías variables

Vikram Bhatt 
31/05/2018


Durante más de sesenta años, Vastu-Shilpa, la oficina de Balkrishna Doshi, ha sabido crear un notable y riguroso conjunto de obras. De manera coherente y fiable, ha dado respuesta a problemas globales como el clima, la degradación del medioambiente, el agotamiento de los recursos o los terremotos, antes incluso de que tales problemas llegaran a ponerse sobre el tapete. Doshi recurre a materiales sencillos, técnicas locales y mano de obra abundante, y, lo más importante, considera que los ocupantes y los usuarios de los edificios son su verdadera aguja de marear.

El nombre de la oficina, Vastu-Shilpa, es revelador. En sánscrito, Vastu significa la 'ciencia de la arquitectura' o la 'construcción', según se describe en dos textos clásicos —el Mayamata y el Manasara—, para dar cuenta de los aspectos más importantes de la construcción, relacionados con la tierra, el fuego, el espacio, el agua y el viento. Por su parte, Shilpa significa las ‘artes y las artesanías, la escultura’. Cuando se junta a Vastu, Shilpa adquiere un significado más amplio, en la medida en que, en el trabajo con los artesanos, lo que el arquitecto 'esculpe' se acaba materializando en un edificio. De ahí que Vastu-Shilpa resulte ser tanto una idea potente como un concepto dinámico, impulsado por un proceso.

Doshi colaboró entre 1951 y 1954 en el estudio de Le Corbusier en París. Volvió a su país para supervisar los proyectos indios del gran maestro, trabajando en encargos fundamentales como el Edificio para la Asociación de Dueños de Molinos Harineros, el Sanskar Kendra o Museo Municipal, así como las viviendas para comerciantes adinerados de Ahmedabad, que permitieron que el joven arquitecto pudiera acceder a gente influyente en su ciudad de adopción. Esta élite local apoyó después a Gandhi en su lucha por la independencia de la India y se embarcó en la construcción de un país libre y democrático. Eran tiempos propicios para que Doshi se independizara también como arquitecto y para fundar, como hizo en 1956, su propio estudio, si bien continuó supervisando los proyectos de Le Corbusier en Ahmedabad. Resulta notable, en este sentido, que mientras trabajaba con uno de los estudios más individualistas del siglo XX -y quizá de toda la historia de la arquitectura-, Doshi diera a su incipiente estudio un nombre que aludía a la tradición hindú: el ya mencionado Vastu-Shilpa.

Discípulo cercano a Le Corbusier, Doshi ha sido siempre un rebelde de corazón, una condición que contrasta con su carácter amable y accesible. Su trabajo en la India puso en crisis la idea de un arquitecto maestro y constructor: desde el principio, sus edificios se diseñaron y construyeron en colaboración con un grupo amplio y variado de artesanos. Se trataba también de un homenaje a su tradición familiar. Nacido y criado en Pune, Doshi proviene de una extensa familia hindú de artesanos: carpinteros y ebanistas que se habían dedicado al oficio durante generaciones. Doshi se crió viéndolos trabajar, y estoy convencido, en este sentido, de que su extraordinaria intuición para la proporción visual, el nivel y el alineamiento se debe a estas tradiciones familiares.

Vidhyadhar Nagar Masterplan (1984-86)

La vivienda es la clave

La carrera temprana de Doshi incluye un par de proyectos de viviendas baratas que, a mi juicio, fueron fundamentales: las viviendas para la ATIRA (Ahmedabad Textile Industry Research Association) y las viviendas para el personal del PRL (Physical Research Laboratory). En la década de 1950, los materiales de alto coste energético, como el acero y el cemento, resultaban escasos en la India. Doshi sacó partido de esta coyuntura para investigar con materiales locales y baratos, como los ladrillos o las piezas de cerámica aligeradas. En el proyecto ATIRA, Doshi utilizó muros de carga de ladrillo, dispuestos en paralelo, y tramos de bóveda, para crear unas atractivas viviendas en hilera dotadas de porches delanteros y traseros que se concibieron como espacios vivideros al aire libre donde podían llevarse a cabo las actividades de la casa, incluso dormir sobre terrazas y jardines durante las tórridas noches de clima tropical. Una serie de bóvedas proyectadas de la rasante vertical del edificio cubren las plataformas, protegen los espacios de transición y propician un doble sentido de pertenencia al lugar y de acogida, para dar pie a una visión moderna de los modos de vida tradicionales. Este sistema de dispositivos ha sido usado y perfeccionado por la oficina de Doshi de una forma continua y exitosa a lo largo del tiempo. En cualquier caso, estos proyectos de vivienda relativamente pequeños prepararon al arquitecto para otros conjuntos de viviendas más grandes, sobre todo ciudades corporativas.

Las ciudades corporativas son como microcosmos urbanos. Comprenden los espacios destinados a los diferentes rangos que componen la plantilla de la empresa, desde el director general hasta los simples obreros, pasando por las demás categorías intermedias. Por su parte, los municipios de la zona son comunidades autosuficientes de entre 200 y 2.000 familias que comparten dotaciones y servicios; de hecho, las casas y los racimos de casas son aditivos: combinados, forman barrios. Partiendo de estas premisas, Doshi propone, en última instancia, un proyecto de alta densidad, de una o dos alturas, donde se favorece la vida peatonal, y que está claramente inspirado en las ciudades tradicionales. Las cuestiones del clima resultan aquí primordiales: desde la ventilación cruzada hasta la protección frente al sol, pasando por la accesibilidad a pie.

Social Housing for a Life Insurance Corporation, Ahmedabad (1973-76)

Con todo, estas ciudades corporativas tienen, por su propia condición, una desventaja importante. Al igual que Chandigarh, estas comunidades fueron concebidas por y para las personas pertenecientes al mismo sector productivo, ya sea el Gobierno o una compañía. Esto deja fuera a otras clases subalternas, como los vendedores ambulantes, los proveedores de servicios y los obreros que constituyen la otra mitad de la sociedad urbana. Una parte considerable de la población se queda, así, sin la posibilidad de acceder a una vivienda urbana, y el resultado no es otro que el crecimiento generalizado de las viviendas informales o los barrios marginales que son característicos de la India.

En 1978, Doshi creó la Fundación Vastu-Shilpa en paralelo a su actividad profesional, con el objetivo de investigar en los campos del diseño medioambiental y la vivienda barata. La Fundación, que funciona como un nexo entre investigadores, docentes y profesionales, desarrolla normas y reglamentos vinculados al contexto y que hacen hincapié en cuestiones como el diseño ambiental, el desarrollo sostenible, las tecnologías apropiadas o la conservación del patrimonio. No deja de ser significativo, a este respecto, que cuando Doshi recibió el encargo de viviendas más grande de su carrera, Aranya -un proyecto de bajo coste en Indore, en el centro de la India-, optara por desarrollarlo bajo los auspicios de su Fundación.


Doshi aprovechó la escasez de materiales de construcción de alto coste energético, como el acero y el cemento , para investigar con soluciones locales basadas en el uso de ladrillos y piezas de cerámica aligeradas.

De la importancia del proyecto Aranya dan cuenta sus propias cifras: había que cobijar a unas 7.000 familias en un enclave de ochenta hectáreas, teniendo en cuenta que el sesenta por ciento de las viviendas tenía que ser para personas pobres. La población estimada era entonces de unas 65.000 personas, aunque hoy Aranya sobrepasa las 80.000. Yo colaboré con Doshi en este proyecto: estudiamos los asentamientos informales de Indore, que documentamos en una serie de publicaciones bajo el título How the Other Half Builds (Cómo construye la otra mitad). Mostramos en ellas que los ocupantes ilegales desarrollan patrones de asentamiento distintos que responden a su modo de vida y sus necesidades espaciales y económicas. Dimos una respuesta a estos hallazgos creando un marco para las viviendas, que los usuarios podrían poco a poco completar y construir. Conseguimos así un robusto entramado urbano y doméstico capaz de absorber estas adiciones y cambios acumulativos sin perder, en ningún momento, su identidad.

Aranya Social Housing, Indore (1983-86)

Caminos de experimentación

Estos proyectos, en los que de una manera temprana los sueños parecieron hacerse realidad, en cierto sentido libraron a Doshi de la necesidad de seguir por fuerza el camino de la experimentación a lo largo de toda su carrera: Doshi también sabe tener éxito, buscar, diseñar las desventajas, por decirlo así. Aceptó, por ejemplo, un solar muy difícil a la hora de proyectar la Escuela de Arquitectura de Ahmedabad -hoy en el campus de la Universidad CEPT-: un enclave donde resultaba casi imposible construir pero que, al final, se convirtió en un generador de forma arquitectónica. Sobre los fosos dejados por unos viejos hornos de ladrillo se levantaron, directamente, cuatro muros de carga; los talleres de proyectos se fueron apilando entrelazados, apoyados en los muros, de suerte que pudiera liberarse el nivel más bajo para destinarlo a las clases al aire libre y las zonas informales que resultan fundamentales para la multifacética vida cotidiana de una escuela de arquitectura. Se tuvo cuidado de proteger los árboles preexistentes (nimbos de la India) para convertirlos en espacios de reunión, cuyo entorno en forma de montículos se ajardinó e integró en el edificio.

CEPT University, School of Architecture, Ahmedabad (1966-68)

Casi veinte años después, Doshi acometió un proyecto en el que la cubierta cerámica ensayada en las viviendas PRL se reinterpretó de un modo exitoso gracias a la estructura, más refinada, de las bóvedas de la sede del estudio de Doshi, a la que el arquitecto llamó Sangath, cuyo significado es 'moverse juntos a lo largo de un viaje o una peregrinación'. Más que un estudio de arquitectura, se trata de un lugar para el intercambio de ideas, un hermoso jardín dotado de un anfiteatro íntimo donde suele verse al personal de la oficina tomando té y comiendo bocadillos como si estuvieran en un parque público. El estudio se experimenta como un espacio monástico; una bóveda de cañón se interrumpe en ocasiones para dar pie al apilamiento de los volúmenes y permitir que la luz cenital llegue al espacio de trabajo; por el exterior, dicha bóveda está recubierta con trozos cerámicos como si fuera un mosaico de porcelana china, y está modelada para recoger y canalizar el agua de lluvia. La experiencia del conjunto resulta relajante y mágica.

En Sangath, su estudio, Doshi reinterpreta la tradición moderna; en la Galería de Arte Amdavad ni Gufa o el Instituto Indio de Gestión recurre a un lenguaje organicista enraizado en la cultura constructiva local. 
Sangath / Vastu-Shilpa Foundation, Ahmedabad (1979-81)

Lo local es global

En el clima político actual, de creciente nacionalismo, la elección de Doshi como ganador del Premio Pritzker podría malinterpretarse, en la medida en que se trata de un arquitecto que sólo ha construido en su país de origen. Pero habría que recordar que sus colaboraciones con Le Corbusier y otros muchos arquitectos e instituciones internacionales influyeron en la percepción global y local de la arquitectura. Doshi invitó a Louis Kahn a ir y a trabajar en la India, y tanto las viviendas de este para el personal del IIM como el campus CEPT de aquel se influyeron mutuamente. Es a través de tal continuo intercambio internacional de ideas que Doshi redefinió la arquitectura de la India. En la era de los arquitectos de firma, el trabajo de Doshi resulta especial: por supuesto, su arquitectura está enraizada en el tiempo y el espacio -crece de ellos-, pero no resulta provinciana. Doshi eligió trabajar sobre acuciantes e importantes problemas locales, como la vivienda social, pero les dio una respuesta capaz de hacer frente a problemas generales como la salud, el desarrollo económico, la justicia espacial o la necesidad de ciudades más habitables. Como la buena comida local, su arquitectura se puede disfrutar y resulta influyente de una manera global.

Vikram Bhatt es profesor de arquitectura y urbanismo en la McGill University de Montreal.


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