Airport, Hong Kong

Foster + Partners 


La nueva terminal constituye una espectacular puerta de entrada a Hong Kong: imponente, luminosa y amplia, acogerá al año unos 35 millones de pasajeros. Con una superficie equivalente a las terminales del John F. Kennedy de Nueva York y de Heathrow en Londres juntas, se trata del mayor aeropuerto del mundo.

El edificio tiene un tamaño tan grande que su característica planta en forma de Y se ve claramente en las fotografías de satélite. Es el mayor espacio público cerrado construido (ocupa prácticamente la misma superficie que el Soho de Londres).

Antes de que la terminal pudiera construirse, hubo que crear el propio emplazamiento. Chek Lap Kok era un islote montañoso en la costa de la China meridional. Ahora, su cima de 100 metros de altura se ha reducido a una planicie situada a siete metros sobre el nivel del mar y se ha ampliado hasta cuatro veces su tamaño original con una compleja operación de recuperación y dragado de terrenos.

Desde la isla, la nueva carretera y la vía de ferrocarril se unen para cruzar un paso elevado hacia el sur, continuando por dos nuevos puentes —uno de ellos el Tsing Ma, el puente colgante más largo del mundo que combina vía rodada y férrea— hasta alcanzar la ciudad. Gracias a esa nueva línea ferroviaria, la autopista de tres carriles y el túnel hasta la isla de Hong Kong, el trayecto entre la ciudad y el aeropuerto se puede realizar en veinte minutos.

Pauta repetitiva
Para resolver las exigencias que presenta una infraestructura de estas dimensiones se ha recurrido a una configuración técnica y formal clara y repetitiva. Bajo una cubierta unitaria se desarrollan los dos niveles de pasajeros y el subterráneo para equipajes. Más allá de la zona de facturación, en el nivel de salidas, hay un área comercial. Una vez pasado el control de pasaportes y seguridad, todos los pasajeros atraviesan el vestíbulo oriental, tras el que la terminal se estrecha en una larga sala que al final se divide en las dos ‘puntas’ de la Y que dan acceso a las 38 puertas de embarque. Como los tiempos de ejecución eran un elemento clave del proyecto, surgió la idea de una cubierta ondulada de bóvedas paralelas que funcionase como elemento unificador del espacio y como referencia para la fácil orientación de los pasajeros. Sus extensas ondas filtran la luz natural durante el día y actúan como reflectores por la noche. Esta lámina ingrávida se ciñe a la retícula cuadrada de 33,5 metros de lado que definen una sucesión de grandes pilares metálicos. Unos nervios diagonales cruzan las bóvedas subdividiendo cada módulo. La modulación facilitará la ampliación posterior del edificio y ha permitido realizar la obra ajustándose a los plazos previstos.

El gran baldaquino que es la imagen característica de la terminal tiene una ligera curvatura que arranca de la fachada delantera, elevándose hasta alcanzar su punto más alto en el centro del gran vestíbulo para ir descendiendo y continuar horizontalmente hasta las dos alas oblicuas. Los nervios que lo forman se construyeron con esqueletos de acero de 36 metros de luz, ensamblados in situ a partir de componentes prefabricados. Bajo este nivel, la estructura se ejecutó en hormigón visto. Los muros-cortina permiten contemplar el espectáculo del tráfico incesante de aviones.[+]


Obra
Aeropuerto Internacional de Chek Lap Kok, Hong Kong. 

Cliente
Hong Kong Airport Authority. 

Arquitectos
Foster and Partners. 

Consultores
Mott Connell, BAA (proyecto); Ove Arup & Partners (estructura); WT Partnership (presupuesto); Fisher Marantz Renfro Stone (iluminación); O’Brien Kreitzberg (construcción); Wilbur Smith Associates (tráfico). 

Contratista
UTE BCJ: Amec International Construction, Balfour Beatty, China State Construction Engineering, Kumagai (HK), Maeda Corporation; Watson Nippon Steel (acero en cubierta y pasarelas). 

Fotos
Dennis Gilbert; Michel Porro.