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Sueños perdidos

A History of Science in Spain

Luis Fernández-Galiano 
01/05/2021


José Manuel Sánchez Ron recuerda en su prólogo las ácidas palabras que Nicolas Masson de Morvilliers dedicó a España en su entrada de la Encyclopédie —«Qu’a t-elle fait pour l’Europe?»—, y aunque asegura no querer terciar en la polémica, su monumental obra sobre la historia de la ciencia en nuestro país está impregnada de la melancolía que sugiere su título. En contraste con los que, desde Menéndez Pelayo, reivindican la contribución intelectual de España, Sánchez Ron ofrece un relato cuya dimensión torrencial no oculta las sombras, las decepciones y los fracasos. A diferencia de José Luis Abellán, que hace cuatro décadas ofreció en tres grandes volúmenes una Historia crítica del pensamiento español con la esperanza de demostrar lo que el país había aportado en el terreno filosófico, el medio millón de palabras de esta obra elude la complacencia para cartografiar un territorio árido, donde los oasis de fertilidad inesperada son a menudo efímeros.

Desde Isidoro de Sevilla —cuyas Etimologías se documentan mediante numerosas y extensas citas, como sucede en el resto de la obra para hacernos llegar intactas esas voces del pasado— y hasta la muerte de Franco, porque la ciencia en la España democrática se trata en la forma somera que exige la ausencia de perspectiva, Sánchez Ron documenta su historia transitando de los prismáticos a la lupa: los hechos más lejanos se describen con sus rasgos esenciales, componiendo un paisaje de figuras contempladas a distancia desde las lentes del binocular, mientras los acontecimientos más próximos se relatan con extraordinario detalle, acercándolos al lector con el vidrio de aumento del autor. El resultado es un zoom vertiginoso que nos traslada desde las grandes panorámicas medievales hasta las figuras contemporáneas en primeros planos que parecen salirse de la pantalla, y terminada la lectura se puede mirar atrás un poco a la manera de los dibujos de Steinberg que representan a Estados Unidos con una gran imagen de Manhattan que se prolonga con espacios apenas ocupados hasta la costa oeste y el Pacífico más allá, diminuto en la lejanía gráfica y geográfica.

Para dar una idea del ritmo cronológico del relato, baste decir que apenas transcurrido un tercio del mismo aparece en escena la Institución Libre de Enseñanza, de manera que los dos tercios restantes se dedican a un siglo de la vida española, el que media entre 1875 y 1975. Esta atención minuciosa a lo más próximo no excluye la reconstrucción de episodios como el papel de Alfonso X en la producción de textos, el saber astronómico en el ‘país de las tres culturas’ o la fundación por Juan de Herrera de la Academia Real Mathematica en el Madrid de Felipe II, que se prolongaría en el siglo XVII a través del Colegio Imperial de la Compañía de Jesús. La ciencia de la Ilustración se documenta sin ocultar las limitaciones impuestas por la censura eclesiástica, y en el capítulo dedicado a América destacan las expediciones científicas, muchas de ellas botánicas, aunque sin excluir una que hoy nos parece especialmente relevante, la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, que llevó la de la viruela a las dominios españoles en América y Filipinas, bajo el liderazgo del médico Francisco Javier Balmis y con la participación esencial de la enfermera Isabel Zendal.

Autor de sendas biografías del matemático y dramaturgo José Echegaray y del sin duda más relevante científico español, Santiago Ramón y Cajal, Sánchez Ron trata con afecto y erudición el papel de ambas figuras, a las que une otras como el físico Blas Cabrera, el químico Enrique Moles, el matemático Julio Rey Pastor o el ingeniero Leonardo Torres Quevedo, nombres fundamentales del primer tercio del siglo XX español, una etapa donde la historia de la ciencia se enreda inextricablemente con la historia social y la historia política, conformando una historia de la política científica donde la Junta para Ampliación de Estudios y, tras la Guerra Civil, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, son los inevitables protagonistas institucionales. Es imposible resumir en una breve reseña los logros de esta ambiciosa aventura intelectual, que si no olvida las frecuentes frustraciones de quienes soñaron con hacer avanzar la ciencia en nuestro país, tampoco renuncia a estimular en las jóvenes generaciones la curiosidad, la pasión y el rigor científicos sin los cuales España poco puede hacer por Europa y por sí misma. 


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