Sociología y economía 

La era del testigo

Forensic Architecture en el MACBA

Julia Ramírez Blanco 
30/09/2017



Rafah: Black Friday (2015)

Forensic Architecture es el nombre de un grupo de investigación radicado en la londinense Universidad de Goldsmiths. El término también designa un nuevo campo de exploración, que este equipo llama «arquitectura forense». A partir del empleo de las técnicas propias de la arquitectura, el equipo analiza imágenes, sonidos o edificios; busca pruebas dentro de contextos de conflicto, trabajando contra las violaciones de los derechos humanos. Entre los meses de abril y octubre, el MACBA alberga la primera exposición del grupo en un gran museo. Allí, el recorrido comienza con algunos ejemplos históricos que se retrotraen al enjuiciamiento del nazismo.

Banalidad del mal

El 11 de abril de 1961 comenzaba el proceso a Adolf Eichmann, oficial nazi responsable de gran parte de las deportaciones a los campos de concentración. Durante estas sesiones declararon 112 testigos, la mayor parte supervivientes del Holocausto. Catorce años después, cuando, en un suburbio de São Paulo, fue exhumada la tumba del médico nazi Josef Mengele, la identificación del cadáver congregó a una plétora de expertos que analizaron los huesos. Para Forensic Architecture, estas dos aproximaciones marcan un cambio de paradigma judicial, en el que a la denominada «era del testigo» se superpone una cultura forense cuyos procedimientos están inmersos «en la materia y las materialidades».

No parece casual la elección de estas dos historias: el arquitecto Eyal Weizman, director y fundador de Forensic Architecture, nació en Israel y se formó en el ámbito de la defensa de los derechos humanos en esta zona. Su origen parece importante para entender la práctica de su grupo: los juicios al nazismo habían supuesto un gran proceso contra los crímenes de un Estado, que llevó a los tribunales a altas instancias de un Gobierno y demostró la no impunidad de los mismos. Siguiendo este principio, el equipo parece querer extrapolar al presente la práctica de exigir responsabilidades a los Estados, persiguiendo la violencia cometida desde el poder.

Materiales y casos

Existe una innegable posición de inferioridad al tratar de buscar pruebas que incriminen a Gobiernos u otras entidades poderosas. Así, desde Forensic Architecture trabajan con aquello que pueden encontrar: grabaciones de cámaras de seguridad, señales detectadas por radares oceánicos o materiales audiovisuales registrados por testigos presenciales y colgados en Internet. Empleando la Red como un archivo de pruebas, el grupo lleva a cabo lo que se ha denominado «investigación de código abierto», una práctica en expansión que se sirve de la inmensa multiplicación de elementos accesibles en el entorno de la Red. En la trayectoria de Forensic Architecture, los casos son variados y los contextos muy distintos. Cada uno de ellos busca ampliar la práctica del grupo e idear nuevos métodos.

La región paquistaní de Waziristán es uno de los lugares con mayor número de ataques de dron. Esta zona no sólo está cerrada a la entrada o salida de personas: tampoco las imágenes pueden escapar de su asedio. Cuando en 2012 se filtró el vídeo de un ataque por dron, este pudo llegar a la prensa después de pasar por seis manos. A partir de un minucioso estudio de los fotogramas, se pudo determinar el emplazamiento exacto de la vivienda bombardeada e identificar el arma a partir de un casquillo. El estudio de las luces y las sombras unido a la localización en el mapa permitió saber también la hora de un tipo de ataque negado por las autoridades y que normalmente resulta invisible para los medios de comunicación.

Empleando una multiplicidad de elementos visuales encontrados, el equipo ha ideado dispositivos originales, como el denominado ‘Image Complex’ o complejo de imágenes. Este procedimiento surgió durante la investigación de los ataques israelíes del llamado ‘Viernes Negro’ en la franja de Gaza, en agosto de 2014. Al no poder acceder al terreno, el análisis de las nubes de explosiones encontradas en centenares de vídeos y fotografías —muchas de ellas procedentes de las redes sociales— sirvió para averiguar el momento y el lugar de los diversos ataques, estableciendo una cronología detallada de los sucesos.

Pero no siempre hay imágenes. No existen, por ejemplo, fotografías de la prisión siria de Saydnaya. El grupo de investigación solamente pudo contar con testimonios de los detenidos en los que estos referían su experiencia de tortura y confinamiento, durante la cual estaban obligados a guardar silencio y vivir en la oscuridad. Utilizando maquetas y estudios espaciales del eco, Forensic Architecture pudo transformar los recuerdos traumáticos en una reconstrucción a escala de la cárcel.

Las fuentes empleadas pueden tener también un carácter más inmaterial: así, a través de los radares empleados habitualmente para el control migratorio, pudieron demostrar la omisión de socorro del barco de refugiados que en 2011 estuvo vagando a la deriva en una zona intensamente vigilada por la OTAN.

The Lef-to-Die Boat (2011)

Los signos del mundo

Como parte de su trabajo, Forensic Architecture difunde sus experiencias a partir de multitud de vídeos e imágenes de carácter divulgativo: más allá de la investigación, la producción de un relato que muestre sus procesos resulta fundamental para el equipo. Reflexionando acerca de los orígenes de la terminología, inciden en el sentido retórico de su práctica, insistiendo en entender lo forense como «el arte del foro». Y este foro al que se refieren no estaría solamente en los tribunales, sino también en la percepción pública de los crímenes investigados.

El equipo habla de cómo la verdad no existe por sí misma, sino que ha de ser expresada para volverse tangible y tener efectos en el mundo. Así, la visualización de las prácticas investigativas entiende también a sus espectadores como una suerte de jurado popular al cual convencer exponiendo minuciosamente los pasos de su indagación. Desplegando su trabajo ante los medios de comunicación, los entornos académicos, los espacios artísticos y los entornos judiciales, el grupo se mueve en distintos contextos de recepción, cada uno con su nivel de potencial consecuencia.

Al trabajar en entornos expositivos —como sucede actualmente en el MACBA—, Forensic Architecture despliega su labor a partir de vídeos y espectaculares instalaciones que adoptan con fidelidad el lenguaje del arte contemporáneo y expresan espacialmente sus formas de trabajo. Ello se sitúa en consonancia con su situación de la prestigiosa escuela artística de Goldsmiths, y con la procedencia disciplinar de los miembros del equipo, en su mayor parte artistas y arquitectos.

Sin embargo, en el grupo la sensibilidad arquitectónica funciona en un nivel más profundo, relacionándose con la propia manera de entender el espacio y sus interacciones. A través de un trabajo interdisciplinar, las herramientas y la forma de mirar que tienen artistas y arquitectos se pone al servicio de un campo distinto al habitual. Así, Forensic Architecture ha creado toda una metodología para leer los signos visibles del mundo: la observación atenta, la construcción de imágenes y la comprensión de los fenómenos urbanos son empleadas para entender y enjuiciar la destrucción y la violencia. Más allá de la voluntad de edificar, este grupo de artistas y arquitectos se ocupa de las ruinas. Y así, desde los escombros, busca contribuir a que la cultura transnacional de los derechos humanos se construya de manera más sólida.

Julia Ramírez Blanco, profesora de Historia del Arte en la Universidad de Barcelona, es autora de Utopías artísticas de revuelta (Cátedra, 2014)


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