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Conmemorar el olvido

La escultura monumental de la Yugoslavia socialista

Willem Jan Neutelings 
30/04/2011


En las agrestes, montañosas regiones de la ex Yugoslavia es posible encontrar por doquier spomeniks (monumentos). Los verás siempre en grandes desfiladeros o en majestuosas mesetas: esculturas que son como gigantes agarrados a la firme roca. Se trata de objetos de una belleza sobrecogedora cuyas formas geométricas parecen ampliaciones de imágenes de virus, flores o cristales. Se construyeron con materiales como el hormigón armado, el acero o el granito. Algunos son sólidos, macizos; otros están agujereados. Los más grandes de ellos permiten incluso que el público pueda pasearse por su interior, jugando en el límite en el que la escultura se convierte ya en arquitectura.

Casi nadie fuera de los Balcanes conoce la existencia de estos monumentos, y los que hoy viven en los países de la ex Yugoslavia prefieren olvidarlos. Hace veinte años había todavía miles de ellos, de todos los tamaños y formas imaginables, pero en los inicios de la década de 1990 la mayoría fueron destruidos, desmantelados o, en el mejor de los casos, abandonados a la acción erosiva de la naturaleza. Sólo aquellos que eran demasiado grandes y pesados para ceder al vandalismo permanecen todavía en pie, desatendidos e ignorados. Fueron objetos que, sin embargo, se habían construido para conmemorar la II Guerra Mundial tan sólo una generación antes, en las décadas de1960 y 1970. En los años 1980 estos monumentos todavía seducían a millones de visitantes, pero diez años más tarde su atractivo se había esfumado. Se habían convertido en objetos anacrónicos, ininteligibles para las nuevas generaciones. Su significado simbólico no encontraba ya una traducción apropiada en un mundo cuyo lenguaje visual había mutado por completo. De ahí que los monumentos fuesen objeto de la ciega ira destructiva, primero, y de la simple indiferencia, después...


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