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Comunismo cósmico

Las construcciones del declive soviético

Frédéric Chaubin 
30/04/2011


Fotos: Frédéric Chaubin

Desembarcar en Nueva York por primera vez produce un sentimiento de déjà vu, la impresión de deslizarse por el decorado de una película vista mil veces. Ciertos vestigios de la URSS, por el contrario, revelan el telón de fondo de películas que nunca existieron porque nunca fueron rodadas. Una colección de decorados exuberantes, que oscilan entre la audacia y el despropósito. Algunos de estos edificios —colocados en medio de ninguna parte, fuera de todo contexto y convención—son singulares sin razón aparente, despreciando toda corriente arquitectónica. Son monumentos en cierto modo huérfanos, dispersos por el mundo colectivista. ¿Qué rasgos los caracterizan? En primer lugar, se trata de outsiders estéticos en un océano gris. La arquitectura soviética es conocida especialmente por su monotonía, sus obras estereotipadas que reproducen las mismas formas, los modelos urbanos idénticos con una misma economía de materiales. Pero estos edificios son diferentes. Hemos topado con lo singular. En segundo lugar, la producción de estos edificios se extiende entre el fin de la era Brézhnev y el derrumbe de la propia URSS, es decir, durante un periodo de poco más de quince años en el cual el sistema comienza a agrietarse. Como si al final del trayecto la masa soviética se hubiera aflojado. Como si se hubieran creado enormes zonas de libertad entre los hilos sueltos de la red...


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