Opinión 

Carlos III y la Arquitectura

Un crítico en el trono

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Carlos III y la Arquitectura

Un crítico en el trono

01/10/2022


Desde los tiempos de Luis XIV no se había dado el caso de un rey que ejerciera de crítico de arquitectura. El recién entronizado Carlos III tiene muy poco en común con el Rey Sol, pero lo emula en su pasión por ciudades y edificios, y aunque es cierto que quedaron ya muy lejos los tiempos de las grandes monarquías, no es menos cierto que la influencia en la opinión pública de figuras como el ya soberano del Reino Unido puede resultar muy grande, máxime cuando Carlos viene participando en los debates arquitectónicos desde hace más de treinta años. Amante de la historia y las artes, el cabeza de los Windsor profetizó a finales de la década de 1980 la transformación de Londres en una ciudad de rascacielos y no tuvo reparos en enfrentarse a uno de los popes de la arquitectura británica, Richard Rogers, circunstancia de la que dio cuenta esta revista (véase Arquitectura Viva 69). En paralelo, planteó su propia utopía clasicista y ecológica que, cual el Pugin de los Contrasts, opuso a la degradación estética y moral de la urbe contemporánea, y en este empeño tan reformista como conservador contó con figuras de la talla de Léon Krier, a quien encargó la exitosa para unos y anacrónica para otros ciudad de Poundbury, en Cornualles, donde están prohibidos el hormigón y el vidrio. Más tarde, supo vincular el discurso de la construcción tradicional con el de la sostenibilidad, apoyando a instituciones como la hoy activa e influyente Intbau. Está por ver si, como rey, Carlos sigue comprometido con la arquitectura. En cualquier caso, equivocada o no, su postura militante se destaca en el bajo continuo de anomia cívica que es propio del resto de monarquías europeas.


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