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Un icono de Arte en Arlés

01/09/2021


Hasta ahora, Arlés era conocida por su anfiteatro romano: el mismo que Aldo Rossi mencionó como ejemplo de permanencia urbana. A partir de ahora —y como símbolo de que en realidad nada permanece—, la histórica y un tanto deprimida Arlés contará con un monumento que no ha creado el tiempo sino la imparable conjunción de una poderosa mecenas —Maja Hoffmann— y un poderoso artista —Frank Gehry—: la Torre del Parc des Ateliers, Torre Luma o, con mayor propiedad, ‘Torre Gehry’.

Montaña poliédrica que evoca las visiones de Bruno Taut, drusa pixelada que alude a Van Gogh, tótem blando que hubiera hecho las delicias de Salvador Dalí, la Torre Gehry es la coronación de un nuevo conjunto construido sobre once hectáreas de antiguos talleres ferroviarios y que se dedicará a la promoción de la cultura. En este sentido, resulta casi imposible no verla como lo que tal vez quiso ser desde el principio: una versión tardía —pero, por supuesto, sostenible gracias a sus parques, estanques y paneles fotovoltaicos— del museo que dio fama mundial a Gehry, el Guggenheim de Bilbao. En efecto: gracias a su perfil de falo acorazado con 10.752 piezas de acero inoxidable que reverberan en el paisaje bucólico de la Provenza, la torre funciona como el hito —el espejismo visual— que todo instagrammer busca capturar en sus viajes. Es difícil no reconocerle a Gehry el talento para crear un fetiche cultural tan poderoso como para darle a Arlés, ipso facto, una segunda y acaso floreciente vida en el circuito de los iconos digitales. Con todo, y más allá del reconocimiento, una pregunta incómoda flota en el aire: ¿era en verdad necesario? 


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