Arte y cultura 

Oscar Niemeyer: ¿mito o realidad?

Cien años de soledad

Roberto Segre 
31/12/2006


Parafraseando el dictado popular ‘no hay mito que dure cien años‘, Niemeyer es una excepción al superar la realidad al mito: nunca en el planeta, un arquitecto alcanzó los cien años de edad y setenta de trabajo profesional continuo, manteniendo sus plenas facultades artísticas e intelectuales, proyectando sin cesar un edificio tras otro en diversas latitudes del planeta: en 1937 concretó su primera obra —la guardería infantil Obra do Berço en Río de Janeiro—, y este año (2007) inauguró el Museo de Brasilia y el Teatro Popular de Niterói, entre otras que están en construcción en Brasil, Cuba, Venezuela, España, Italia y Alemania. Y también es lícita la comparación del Maestro con Gabriel García Márquez. Ambos simbolizan ante el mundo la originalidad creadora del continente latinoamericano en el siglo XX. Laureados internacionalmente en la década de los años ochenta, García Márquez obtuvo el premio Nobel (1982) y Niemeyer medio Pritzker (1988), injustamente compartido con el norteamericano Gordon Bunshaft. Pero más intensa resulta su identificación con la parábola histórica y geográfica de la familia Buendía en Cien años de soledad. Aunque Río de Janeiro no es Macondo —pese a que hoy con sus profundas contradicciones podría serlo—; la saga de José Arcadio Buendía y sus herederos se parece a la trayectoria del casi centenario carioca a lo largo del tiempo y el espacio: la primacía autoritaria del creador (o del general) sobre sus colaboradores o subordinados —son escasos los nombres de profesionales asociados con Niemeyer, en particular los dos ingenieros realizadores de sus invenciones formales: Joaquim Cardozo y José Carlos Sussekind—; la existencia de un cerrado y numeroso sistema familiar de apoyo logístico; el infinito anhelo por la innovación artística y científica —el hielo macondiano y el hormigón armado llevado a su máxima ligereza—; la veneración al brujo y al maestro: es el gitano Melquíades en la novela colombiana, y Le Corbusier quién encendió el estro creador del Maestro... [+]


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