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Museo Kistefos de BIG

Elogio del pliegue

29/02/2020


Entre los arquitectos, Bjarke Ingels es tal vez el último adorador del pliegue; es el inesperado eslabón que conecta nuestros tiempos globalizados con aquellas obsesiones deconstructivas alimentadas en la década de 1990 al calor de las tesis que expuso el filósofo Gilles Deleuze en un libro por lo demás incomprensible, Le pli. Que el pliegue sigue teniendo predicamento lo sugieren algunas de las obras recientes de Ingels, desde el papirofléxico Via 57th West en Nueva York hasta la alabeada central de biomasa con pista de esquí en Copenhague; proyectos en los que los giros, combas y alabeos permiten relacionar planos y programas distintos para integrarlos en una forma continua.

Es el caso también del Kistefos Museum que BIG acaba de inaugurar en la pequeña localidad de Jevnaker, a unos 75 kilómetros de Oslo, culminación retorcida de un paseo cultural a lo largo de un bello parque en el que dialogan la arquitectura, el arte y el paisaje. Dar cuenta de esta triple condición del enclave es precisamente el propósito de un edificio que es asimismo escultura y naturaleza, y que se concibe como un reto visual al paisaje a la vez que como una prolongación física de él. Dispuesto como una pasarela que cruza un río, el volumen revestido de aluminio conecta las dos márgenes mediante un inesperado gesto formal que se explica por la diferente cota y posición de las dos orillas: de un lado, la parte boscosa; del otro, la ladera. Este giro topográfico concede al pabellón su impronta icónica y enriquece al mismo tiempo el espacio interior, al dar pie a tres salas expositivas de características muy diferentes: una más amplia orientada a la luz del norte, otra oscura con iluminación artificial, y, entre ambas, un recinto escultórico al que dota de carácter un lucernario también retorcido... ¿Larga vida al pliegue? 


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