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Modernidad viva

On Balkrishna Doshi

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Modernidad viva

On Balkrishna Doshi

Eduardo Prieto 
01/11/2023


¿Ser moderno consiste en asumir un estilo, en tener cierta actitud, en seguir fatigando los caminos de la vanguardias, en ser al cabo un modo de darse lo antiguo? Es improbable que Balkrishna Doshi (1927-2023), uno de los padres de la arquitectura de la India, sintiera que lo moderno fuera un asunto trasnochado. Para él, la modernidad nunca perdió su ingenua vocación de ‘ser moderna’, es decir, de acercar a las sociedades al bienestar y la justicia.

Doshi comenzó a formarse como arquitecto en los tiempos en que la India veía con esperanza su recién estrenada independencia. Lo hizo en Bombay, en una escuela de arte a la que llegaban los ecos de la arquitectura de Occidente. La atracción por lo moderno hizo inevitable el grand tour por Europa, y Doshi conoció a Le Corbusier, para quien trabajó no solo en París sino también en la India, pues recibió el encargo de supervisar los proyectos de su maestro en Ahmedabad, entre ellas la sede de la Asociación de Propietarios de Molinos y la villa Shodhan, dos extraordinarios edificios-retablo.

Doshi fundó por entonces su propio estudio, y lo hizo arropado por las élites de la industriosa Ahmedabad —la Mánchester de la India—, habida cuenta de que compartían con él el sueño de una nación moderna pero ligada a sus raíces. Pero la pregunta de cómo ‘ser moderno’ en un país como la India no dejaba de implicar contradicciones, y responderla le llevó a Doshi toda una carrera exitosa y sostenida en la exploración eficaz de los dos tipos de proyectos más necesarios: las viviendas y las universidades.

En edificios como el Instituto Indio de Gestión en Ahmedabad —construido al hilo de la colaboración con Louis Kahn, su otro maestro—, Doshi combinó la espacialidad moderna con la atmósfera y los materiales tradicionales. Con todo, fue en el campo de las viviendas donde Doshi sintió que la modernidad podía cumplir mejor su destino emancipador. En un país de slums, que apenas disponía de recursos tecnológicos y económicos, y donde el clima podía resultar atroz, construir casas baratas implicaba, precisamente, hacerse la pregunta que tanto inquietaba al arquitecto: ¿se puede ‘moderno’ aquí? Doshi lo creyó posible, siempre y cuando se asumiera que esta modernidad no podía ser la misma que la europea, tal y como evidencian algunas de sus obras maestras, desde el conjunto residencial para la Life Insurance Corporation en Ahmedabad hasta las viviendas sociales Aranya en Indore, que son contenidas y contextuales.

La concesión del Premio Pritzker a Doshi en 2018 fue un acto de justicia muy tardío, pero ha permitido dar a conocer la obra del arquitecto y pedagogo mediante actos de diversa índole, entre ellas la gran exposición organizada varias instituciones europeas e indias que, tras un largo periplo internacional, ha recalado en el Museo ICO. El catálogo de la muestra, cuidadosamente editado, funge también de excelente monografía que, a la postre, no hace sino confimar el compromiso del artífice indio. Doshi aprendió de Le Corbusier que la arquitectura no es otra cosa que «la historia de la vida»; por eso, su modernidad comprometida y social, su modernidad de precariedades y periferias, nunca renunció a ‘ser moderna’.


Libros reseñados:

Balkrishna Doshi

Arquitectura para todos

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