Libros 

Dos casas en planos fijos

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Dos casas en planos fijos

Jorge Gorostiza 
30/06/2010


No es éste el lugar para glosar la labor fundamental que está realizando la Fundación Caja de Arquitectos, tanto con sus publicaciones como con la edición de películas en su colección Arquia/documental; las correspondientes a los números 13 y 14 tienen en común estar dedicadas a dos casas, la Villa Mairea de Alvar Aalto y la Casa Koshino de Tadao Ando, y estar dirigidas ambas por el finlandés Rax Rinnekangas (Rovaniemi, 1954), que también es el productor ejecutivo, director de fotografía y ha escrito los guiones, con el asesoramiento arquitectónico de Juhani Pallasmaa.

Rinnekangas es un hombre polifacético que, además de cineasta, ejerce como novelista, poeta, periodista, ensayista de arte y fotógrafo. También es el autor de La casa de Mélnikov: la utopía de Moscú (reseñado en Arquitectura Viva 128), el documental número 12 de esta misma colección. Normalmente, en el cine los espacios se describen mediante el movimiento, girando la cámara en panorámicas o moviéndola en travellings; sin embargo, Rinnekangas no opta por este procedimiento, sino por una ceremoniosa estaticidad —no en vano se considera hermanado espiritualmente con Tarkovski—, componiendo sus documentales con una sucesión de planos fijos, salvo por algunos zooms que recuerdan más una serie de fotografías de una revista ilustrada que una película compuesta por imágenes en movimiento. A veces, emplear un estilo propio y peculiar en un documental genera problemas: uno de ellos es olvidar su propósito primordial, lograr que se entienda lo que se explica. La ventaja que tienen los buenos edificios es que su enorme capacidad de seducción les permite superar cualquier prueba planteada por quienes quieren mostrarlos imponiendo unas reglas personales, casi siempre arbitrarias e incluso incomprensibles. 

No se puede dejar de mencionar que en todos los números de la colección de Arquia se adjunta un libreto de unas cuarenta páginas, a menudo más revelador que el propio documental; en el dedicado a la Villa Mairea, Antón Capitel escribe un texto sobre el edificio, seguido de ‘El huevo y el salmón’, redactado por el propio Aalto en 1947; en el de la Casa Koshino hay un artículo de Ignacio Bosch y Juan María Moreno, y otros dos de Alberto Campo Baeza, donde ensalza la arquitectura de Ando y constata su amistad personal con el arquitecto nipón, incluyendo además varias fotografías personales y contando, entre otros aspectos más interesantes, como Ando alabó las paellas «por la proporción de sus ingredientes». Por último, hagamos votos para que esta crisis, que está sirviendo como excusa para suprimir infinidad de actividades culturales, no sea capaz de destruir esta iniciativa de la Fundación Caja de Arquitectos, tan importante en nuestro panorama arquitectónico.


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