Amsterdam y Rotterdam: propuestas visionarias

Ginés Garrido 
31/10/2002


En el retrato-robot del arquitecto moderno se encuentra una sensibilidad que no admite el fracaso del proyecto de las vanguardias, ese relajado descreimiento posmoderno en la arquitectura como vehículo transformador de la sociedad. En su modestia, el arquitecto aporta su grano de arena al futuro incierto, en el que aún cree, sacrificando su condición de hacedor de objetos. Su voz sería eco de la sentencia de Douglas Huebler: «El mundo está lleno de objetos, más o menos interesantes, no quiero añadir ninguno más. Prefiero simplemente constatar la existencia de las cosas en términos de espacio-tiempo». En un mundo progresivamente construido y urbanizado, parece tener cada vez más sentido reutilizar y concentrar, es decir, producir menos objetos y consumir menos territorio...
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