Teatro de la Ópera, Sídney
Jørn Utzon 


En 1957, con 38 años de edad, Utzon ganó el concurso para construir la Ópera de Sídney en Bennelong Point, un pequeño cabo situado en el centro de la bahía, entre el puerto interior y la costa. Fue un periodo transformador para Australia, una nación optimista en busca de identidad cuya economía se estaba expandiendo rápidamente alimentada por la inmigración de Europa posterior a la II Guerra Mundial. La imagen del proyecto, inspirada en las velas de los barcos hinchadas por el viento, se convertiría en el símbolo de todo un continente.

Por su emplazamiento, totalmente exento, el edificio se concibe como una escultura expuesta sobre un podio, que se puede rodear por completo y observar desde diferentes puntos de vista al llegar caminando o desde un barco. Esta percepción dinámica se intensifica mediante un revestimiento de azulejos vidriados que reflejan el brillo del sol en todas las direcciones y hacen que su imagen cambie según el movimiento de las nubes o las ondulaciones del mar.

Para cumplir los plazos que exigía la agenda política, la construcción del podio comenzó cuando todavía no se había definido la geometría de la cubierta, lo que marcaría el desarrollo del proyecto. Mientras avanzaban las obras, el equipo de Utzon y la ingeniería de Ove Arup estudiaron diferentes soluciones basadas en elipses o parábolas, construidas mediante cáscaras de hormigón o incluso perfiles de acero pero ninguna de ellas conseguía cumplir al mismo tiempo los requisitos constructivos, estructurales y geométricos. Fue en 1962, tres años después de poner la primera piedra, cuando por fin Utzon llegó a la famosa ‘Solución Esférica’ que permitía derivar la forma de todas las conchas a partir de la superficie de una misma esfera. Este hallazgo hizo que, al tener el mismo radio, las diferentes partes de la cubierta pudieran dividirse en costillas idénticas, como si fueran los gajos de una naranja, y construirse de forma seriada. El sistema estructural de las conchas no se basa, por tanto, en los principios de las cáscaras continuas de hormigón sino en la unión tectónica de segmentos modulares prefabricados, que funcionan de forma similar a las dovelas de una catedral de piedra.

En 1966, una serie de desencuentros con los nuevos dirigentes políticos provocaron la dimisión de Utzon y, a pesar de las protestas populares para que volviera, la dirección de obra paso a manos de un equipo local. Tanto el cerramiento como los interiores se completaron sin seguir sus indicaciones. Finalmente, el edificio se inauguró en 1973 en ausencia del autor, que nunca volvería a Australia.

The Guardian. Impossible made perfect: builders of the Sydney Opera House look back in wonder