Necrológicas 

Pedro Navascués, ‘in memoriam’

Pedro Navascués, ‘in memoriam’
Necrológicas 

Pedro Navascués, ‘in memoriam’

Javier García-Gutiérrez Mosteiro 
05/09/2022


Esta noche, 5 de septiembre, a causa de un derrame cerebral, ha fallecido Pedro Navascués Palacio. Somos muchos —y de muy distintos campos disciplinares— los que sabemos qué supone esta pérdida.

Pedro Navascués (1942-2022) ha sido un nombre esencial en la conformación de la historiografía de la arquitectura española del siglo XIX y primeras décadas del XX. Y algo más: un singular defensor del patrimonio arquitectónico. Recordemos que lo que le llevó a elegir el tema de la arquitectura ochocentista para su tesis doctoral fue, como él mismo declaraba, la “sistemática destrucción de esta arquitectura madrileña”. Y esa tesis, dirigida por Fernando Chueca Goitia y leída en el curso 1970/71, dio lugar en 1973 a su Arquitectura y arquitectos madrileños del siglo XIX, libro en el que hemos bebido —¡seguimos bebiendo!— todos aquellos que nos interesamos por aquella arquitectura, hoy comprendida y revalorizada, sin lugar a dudas y en enorme medida, gracias a él.

Muchas y enjundiosas fueron las aportaciones de Pedro Navascués a la cultura arquitectónica; pero quiero destacar aquí su contribución tan generosa a la docencia. Discípulo él mismo de los grandes maestros de la historia de la arquitectura en España, ha constituido el imprescindible eslabón en la formación de nuevos arquitectos e historiadores.

Tuvo una viva carrera docente en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. En 1978 obtuvo en ella la cátedra de Historia del Arte; y de ella sería subdirector en un largo período. Promovió, en los años noventa del siglo pasado, los cursos de postgrado en patrimonio; y a él se debe el actual Máster en Conservación y restauración del patrimonio arquitectónico, en el que siguió impartiendo docencia tras su jubilación en 2012.

No encerró su capacidad como profesor en las aulas: la extendió a otras enseñanzas no regladas y aprendizajes en multitud de cursos; entre ellos, las inolvidables Lecciones de Arquitectura Española y los congresos de Medievalismo y neomedievalismo que se impartían en el ámbito del llamado «Grupo de Ávila» (con Fernando Chueca y el no hace mucho fallecido José Luis Gutiérrez Robledo).

El profesor Navascués ha tenido una enorme presencia en el mundo cultural español. Académico de número de la Real de Bellas Artes de San Fernando desde 1998 (donde ha desempeñado un impagable papel como presidente de la Comisión de Monumentos y Patrimonio Histórico), Doctor honoris causa por la Universidad de Coimbra, miembro numerario del Instituto de Estudios Madrileños y de la Hispanic Society, presidente del patronato de la Fundación Juanelo Turriano; y tantas otras responsabilidades y acciones en defensa del patrimonio. Esa inestimable y sostenida labor en pro de la arquitectura fue reconocida por el COAM, quien, con toda propiedad, le nombró Colegiado de Honor.

Estoy seguro de que cuantos estamos interesados —preocupados, tantas veces— por la conservación del patrimonio arquitectónico en España nos sentimos hoy más desamparados, en inesperada orfandad, ante el vacío que nos deja; sin tener esa voz amiga —y su criterio— a la que poder acudir.

Sé que Pedro Navascués, quien no me dejaba decir más de dos o tres frases cuando tenía el gusto —el honor— de presentarle en algún curso, me hubiera censurado estas líneas. Vaya en mi descargo lo precipitado del momento, el dolor por el maestro y el amigo perdido.

Descanse en paz.



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