
En un momento de su discurso, Estrella de Diego evoca el Salon Carré del Louvre y a Christopher Newman tumbado en el diván, exhausto, después de «haberlo visto todo», todos los cuadros que estaban marcados con un asterisco en su Baedeker. La primera guía Baedeker de París data de 1867 y se editó en inglés, lo que ya indica la presencia de un importante turismo internacional. Newman se aloja en el Grand Hôtel du Louvre, frente al museo, un establecimiento enorme que ocupaba toda la manzana entre la Place du Palais-Royal y las Rues de Marengo, Rivoli y Saint-Honoré.
El inmenso edificio haussmaniano había abierto sus puertas en 1855 como el primer hotel de lujo de París, el Grand Hôtel du Louvre, encargado por Napoleón III para alojar a los visitantes de la Exposición Universal de ese año. Un reportaje periodístico sobre la inauguración del hotel hablaba de las multitudes sin precedentes que llegaban a París, a través de las nuevas redes ferroviarias, de Europa y de los otros continentes: «Una población en movimiento flota sin cesar sobre la superficie de la sedentaria. Ya no se necesitan casas para albergarla, sino ciudades dentro de las ciudades». Y describe el Grand Hôtel como un «falansterio de viaje», es decir, un enclave utópico autosuficiente, una especie de paraíso...[+]