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Piano y Foster, vidas paralelas

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Piano y Foster, vidas paralelas

María Cifuentes 
31/10/2010


La revista Abitare, una de las decanas entre las publicaciones dedicadas al diseño en Italia, cumple en 2011 su cincuenta aniversario con la dirección de Stefano Boeri, que ocupó el cargo en 2007 tras haber conducido Domus desde 2004. Siempre innovadora en contenido y formato, Abitare ha dedicado dos monografías al seguimiento cercano y durante meses de Norman Foster y Renzo Piano, dos arquitectos para los que el adjetivo ‘global’ se queda corto. Entre Foster y Piano abundan los paralelismos biográficos y profesionales: son de edad semejante —Foster nació en 1935, Piano en 1937—; para ambos Richard Rogers fue una amistad crucial en sus inicios —él, Foster y sus respectivas esposas fundaron Team 4 en 1964; mientras que el equipo formado por Piano y Rogers ganó el concurso para el Centro Pompidou en 1971—; recibieron el Pritzker con un año de diferencia —Foster en 1999, Piano en 1998—; entre sus hitos se cuentan aeropuertos superlativos —Pekín y Kansai—; son dos tecnófilos declarados; apasionados practicantes del vuelo y la navegación respectivamente; y ambos, pero eso es común en los arquitectos de casta, piensan dibujando. También coinciden en su condición de trabajadores incansables, cualidad destacada por los colaboradores entrevistados para la ocasión.

Tantas similitudes se contrarrestan con algunas diferencias que explican, quizás, por qué Foster es una celebrity que ya cuenta con una biografía autorizada y un largometraje estrenado en salas comerciales, —A Life in Architecture, escrita por Deyan Sudjic, y How Much Does Your Building Weigh, Mr. Foster?, de la productora dirigida por Elena Ochoa, Art Comissioners—, mientras que Piano se conforma con ser el arquitecto favorito de los grandes clientes americanos. El origen modesto y alejado de la arquitectura de Foster, formado gracias a becas y ayudas conseguidas con tesón, ofrece más atractivo mediático que el más convencional de Piano, procedente de una familia de constructores genoveses. Esa filiación del italiano con un oficio realista y técnico se contrapone a la descripción que hace el británico de sí mismo como ‘visionario’ —«a veces creo que veo cosas que otros no pueden ver»— y heredero de la utopía fulleriana, propia del creador de Masdar, una nueva ciudad en el desierto que aspira a un balance cero de emisiones.

En estos dos números de Abitare, gráficamente chispeantes y polifónicos, queda registrado el día a día de dos líderes carismáticos en plenitud de facultades superados los setenta años, definidos por su actitud en las portadas —gesticulante, sonriente, Renzo; absorbido, concentrado, Norman—. Dos personalidades que han logrado seguir haciendo arquitectura desde las grandes corporaciones que llevan su nombre.


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