Sinagoga en Babi Yar, Kiev
La vida y la tiniebla

Sinagoga en Babi Yar, Kiev

La vida y la tiniebla


Babi Yar, una zona boscosa con un profundo barranco al oeste de Kiev, marcaba la linde de la ciudad. Allí se produjo una de las peores masacres del siglo XX: entre el 29 y el 30 de septiembre de 1941 unos 35.000 judíos fueron asesinados a tiros por los oficiales de las SS alemanas, los Einsatzgruppen y soldados de la Wehrmacht apoyados por tropas locales. Durante las siguientes semanas y meses, otros 10.000 judíos más, así como prisioneros de guerra soviéticos, comunistas, nacionalistas ucranios, gitanos y pacientes de un cercano hospital psiquiátrico fueron asesinados en las inmediaciones. Este ‘holocausto de las balas’ fue una de las mayores atrocidades de la era moderna.

Babi Yar es un terreno con una topografía accidentada: la misma, precisamente, que aprovecharon los oficiales de las SS para asesinar a esas decenas de miles de personas sin tener que abrir fosas comunes. La masacre creó, de hecho, una nueva topografía: una topografía física de la muerte y el asesinato. Por ello, el suelo de Babi Yar puede considerarse sagrado.

Construir sobre un lugar que ha sido testigo de más asesinatos y devastación que la mayoría de lugares de la tierra, hace que caiga una enorme responsabilidad sobre el arquitecto. ¿Cómo honrar a las víctimas? ¿Cuál es la respuesta acorde con la tragedia? Cuando en octubre de 2020 me encargaron una sinagoga en Babi Yar, todas estas preguntas rondaron mi cabeza. Por supuesto, los ecos del hermoso poema escrito por Yevgueni Yevtushenko en 1961 —«No hay monumentos en Babi Yar»— no hacían sino acrecentar mis dudas. ¿No es el poema, y su extraordinaria versión musical a cargo de Shostakóvich, la conmemoración más profunda que pueda imaginarse? Aunque esto sea cierto hasta cierto punto, creo que la arquitectura puede desempeñar un papel conmemorativo diferente al procurado por otras disciplinas, como la literatura y la música.

Podría pensarse que la respuesta adecuada a esta increíble masacre debería ser una arquitectura sombría, minimalista y monumental. La historia de los monumentos del Holocausto está llena de este tipo de ejemplos. Con todo, abordé el proyecto de un modo muy distinto. Es imposible que ninguna arquitectura monumental pueda dar cuenta de un monumental sufrimiento. Pero sí podemos crear un edificio con una dimensión transformadora que permitiera establecer nuevos rituales. En un lugar literal y metafóricamente empapado de sangre, no podemos erigir un edificio que se imponga al suelo y al relato histórico. El mensaje categórico y cerrado que podría sugerir un monumento de estas características no haría justicia a las miles de voces concretas que perecieron en Babi Yar. Por ello, preferí una solución polivalente más que una estática y conclusiva. De ahí nació la idea de una arquitectura que instalara en el lugar un nuevo ritual colectivo; una arquitectura activa, transformadora, que es conmemorativa en la medida en que produce un sentimiento de asombro y temor.

A menudo el pueblo judío ha sido definido como el ‘pueblo del libro’, por eso la idea de aludir a un libro a través del proyecto tenía sentido. También me atraían los libros pop-up, tan fascinantes. De un objeto plano, casi bidimensional, emergen de repente volúmenes tridimensionales que con frecuencia suelen ser escenarios arquitectónicos. Es difícil resistirse a la tentación de abrir estos libros para asistir al despliegue de un mundo nuevo y sorprendente; y, en cierto modo, esto es lo que sucede cuando nos reunimos para orar en una sinagoga: abrimos juntos un libro, ya sea el Sidur —el libro de oraciones—, o bien la Biblia. Se trata de un mundo de cuentos, de historias, de moral, de amor, de sabiduría.

En cuanto a los interiores del edificio, quise evocar las sinagogas de madera del oeste de Ucrania, que databan del siglo XVI pero fueron destruidas por los nazis. Sus ornamentos y caligrafías aplicadas sobre las paredes resultan fascinantes. En especial me interesó una vieja fotografía de la sinagoga de Hvizdets, muy hermosa y que tenía un texto escrito sobre las paredes. Un texto que, sorprendentemente, contiene una bendición bastante lóbrega sobre la interpretación de los sueños, la posibilidad de convertir las pesadillas en sueños felices. De inmediato me di cuenta de que no había mejor leitmotiv para el proyecto, y esa bendición ocupa ahora la pared principal de la sinagoga de Babi Yar.

Empecé a trabajar en el proyecto solo dos semanas después de que mi maravillosa esposa Xenia diera a luz a nuestro hijo Max. Me involucraba en un asunto relacionado con el asesinato y un sufrimiento insoportable al mismo tiempo que me maravillaba de la llegada de un nuevo y tierno ser humano. Cuando miré el hermoso rostro de nuestro hijo, noté su gran curiosidad y su inmensa alegría de vivir. Mi hijo me enseñó que la sinagoga de Babi Yar no podía ser solo un lugar para conmemorar el pasado, sino también para inaugurar un futuro. Tenía que ser un proyecto que convirtiera la pesadilla en un sueño. Un proyecto que no se atrincherara en la muerte y la destrucción, sino que celebrara la belleza de la vida.

El cruel fragor de la guerra

Mientras escribo estas líneas, Babi Yar está siendo bombardeado. El enclave donde se produjo una de las peores masacres del siglo XX, donde decenas de miles de personas fueron asesinadas en apenas unos días a manos de los nazis, se ha convertido de nuevo en un lugar de guerra y matanza. Cinco personas murieron en el ataque a la torre de la televisión estatal y a un centro deportivo ubicados en las inmediaciones. Los ataques, más allá de la trágica pérdida de vidas, suponen la destrucción de la historia y la violación de la memoria de las 33.000 personas que perecieron hace ochenta años. En el contexto de una guerra, la destrucción de un lugar conmemorativo tan importante constituye un horrible capítulo más que degrada nuestra condición humana.

Como he apuntado antes, el encargo de la sinagoga en Babi Yar —una de las ‘zonas cero’ de la historia europea y acaso mundial— supuso para mí una responsabilidad muy grande. Con esta frágil construcción de madera, quise diseñar un edificio en el que los judíos pudieran orar, pero que también estuviera abierto a la celebración de la belleza de la vida. Dado que la sinagoga debía inaugurarse con ocasión de los ochenta años de la masacre, el 29 y el 30 de septiembre de 2021, el periodo de diseño y construcción duró solo seis meses y fue intenso. Durante este tiempo, conocí a un grupo de personas asombrosas y profundamente comprometidas en Kiev, que desde entonces son amigos cercanos. A la semana de la invasión rusa de Ucrania, estos amigos se han visto envueltos en una amarga guerra y muchos de ellos han acabado como refugiados.

El 1 de marzo de 2022, los misiles impactaron a 150 metros de la sinagoga. Solo unos meses después de su inauguración, el edificio se vio inmerso en una guerra que solo celebra la muerte. ¿De qué sirve conmemorar la historia si las enseñanzas que deberían extraerse se olvidan e ignoran tan fácilmente? A diferencia de la robustez de otros edificios conmemorativos de piedra y hormigón, la fragilidad de la sinagoga de madera implica su cuidado diario. Este cuidado, esta fragilidad, constituyen la verdadera conmemoración. La sinagoga necesita a su comunidad, a su público y a sus visitantes. Con el lugar convertido en un escenario bélico, la sinagoga ha perdido a su comunidad. Rezo por el pueblo de Kiev y de Ucrania, para que la guerra salvaje termine cuanto antes, y espero que la sinagoga acabe recuperando a sus fieles de manera que las lecciones de fragilidad no queden del todo ahogadas por el cruel fragor de la guerra...[+]


Obra  Work
Sinagoga en Babi Yar
Babyn Yar Synagogue, Kyiv (Ukraine)

Cliente Client 
Babyn Yar Holocaust Memorial Foundation.

ArquitectosArchitects
Manuel Herz Architects / Manuel Herz (socio partner); Maxim Gabai, Ben Olschner, Isabella Pagliuca, Angeliki Giannisi (equipo team).

ConsultoresConsultants
Oleksandr Laptev (dirección de obra site supervision); Dmytro Pisarevaliy, Yaroslav Novitskiy (ingeniería engineering); Oleksiy Makukhin (gestión de proyecto project management); C.I.Form (pintura del techo ceiling painting); Galina Andruschenko (pinturas murales wall paintings).

Contratista Contractor
Budsok.

Superficie Area
150  m².

FotosPhotos
Iwan Baan.