Arte y cultura 

Sísifo dichoso

Giorgio Morandi en el Museo Thyssen-Bornemisza

Guillermo Solana 
30/06/1999


Pascal decía que todas las desgracias vienen de no haber sabido quedarnos en nuestra habitación. Quizá Giorgio Morandi (1890-1964), que era un lector asiduo de Pascal, hizo de esta advertencia la norma suprema de su vida y de su pintura. En el extremo opuesto a los románticos, no creía que el arte necesitara motivos lejanos, exóticos, ni siquiera salir a la calle: al contrario, el pintor podía sacar la mayor intensidad del enclaustramiento, de la concentración en lo más íntimo. Esto es lo que unos aman y otros detestan en Morandi. Para sus detractores, es solamente un piccolo borghese aterrado ante el mundo exterior, encastillado en su apartamento de Bolonia, que registra en sus cuadros el monótono diario de una cavilación solipsista. Para sus adictos, en cambio, este pequeño maestro (como lo fueron Vermeer, Chardin o Paul Klee) constituye un extraordinario ejemplo de humildad, de ensimismamiento, de independencia y de otras virtudes excluidas de la mainstream de la modernidad…[+]


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