Opinion 

The 16th Nation

Europeans of Chile

Jorge Edwards 
07/08/2002



En las reuniones preparatorias de la última Cumbre de América Latina, Europa y el Caribe, los delegados latinoamericanos hablaron de Chile como «el país 16». Lo dijeron en broma, en los pasillos, sin hostilidad, casi con admiración, o con admiración reprimida, pero ya se sabe desde los tiempos de Sigmund Freud que las bromas tienen un sentido serio. El país 16, vale decir, el miembro número 16 de la Unión Europea, lo cual tiene una significación ambivalente: por una parte, un adelantado que podría ser un intermediario, un posible abogado; por la otra, un infiltrado, poco menos que un traidor. La verdad es que Chile comenzó en 1990 los trámites para asociarse con la Unión Europea, un proceso que culminó con la declaración solemne firmada por el presidente Ricardo Lagos. Ahora bien, no es en absoluto casual que los contactos y las negociaciones comenzaran en 1990, en el primer año de salida de la dictadura y de gobierno de una coalición de partidos de centro-izquierda. La relación de Chile con los países europeos siempre ha pasado por una línea divisoria clara, y en cierto modo ocurre lo mismo con toda América Latina. Los sectores democráticos son abiertamente proeuropeos, así como los sectores afines a las dictaduras son contrarios, muy a menudo de una manera apasionada, extravagante, a la vieja Europa...
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