
Lamp, empresa líder en el diseño y producción de iluminación técnica avanzada, junto con la arquitecta especializada Berta Brusilovsky, se han unido para desarrollar y editar la Guía: “Soluciones de luz para la accesibilidad cognitiva y la integración sensorial. La iluminación artificial: diseñando espacios accesibles”, que aspira a tener un impacto en el sector, ayudando y ofreciendo claves para mejorar la calidad de proyectos con elementos innovadores de diseño que mejoren el bienestar y la salud de las personas.
La Guía se crea con el objetivo de convertirse en un texto de referencia que aglutine y aúne el conocimiento de dos campos que mucho tienen que ver entre sí: el diseño lumínico y la accesibilidad universal de los espacios, también en su plano cognitivo y de integración sensorial.
El texto aborda y desgrana, a través de cinco bloques estructurales, conceptos como las consideraciones estéticas y funcionales de la iluminación, la visión integradora de la misma, las bases de la accesibilidad cognitiva y para la integración social, cómo la iluminación ayuda a determinar la conducta espacial o los principios de un modelo de diseño enfocado desde las bases de la neurociencia.
“En Lamp coincidimos plenamente con las bases y valores de la arquitectura de Berta Brusilovsky y trabajar mano a mano con ella en la elaboración de este documento ha enriquecido, sin duda, nuestras perspectivas de diseño en muchos sentidos. Creemos firmemente que la arquitectura y la iluminación deben ser inclusivas y, por tanto, responder y atender a la diversidad funcional de los usuarios, considerando sus diferentes características sensoriales y cognitivas y mejorando, así, su relación con el entorno y su propia calidad de vida”, comenta Raquel Quevedo, Directora de Marketing de Lamp y coautora del documento.
“La accesibilidad cognitiva es la condición de los entornos y edificios de ser comprensibles y accesibles para todas las personas. Es una condición del diseño en toda su magnitud espacial: formal, funcional, sensorial, estética… y ninguna se puede separar de la otra y todas se influyen entre sí. Es necesario entenderlo como conjunto de componentes espaciales que influye sobre los procesos sensoriales, perceptivos y cognitivos: son estos los que desencadenan movimientos para que las personas lleven a cabo sus actividades y sus conductas en el espacio” explica la arquitecta Besta Brusilovsky.
Adultos mayores, niños, personas con enfermedades mentales o perfiles neurodivergentes… es fundamental entender los requerimientos particulares de cada grupo para poder dar forma a los espacios que estos van a usar. “Hay que introducir cambios en los entornos, no exigir a las personas que se adapten a ellos”, enfatizan las autoras del texto.
Imagen: David Werbrouck
Imagen: Jukan Tateisi
La Guía se adentra en cómo las sensaciones (las aferencias de los sentidos) y las percepciones (cómo las capta y procesa cada persona) están influidas por sus experiencias personales y por sus condiciones personales. En el caso, por ejemplo, de una especial sensibilidad sensorial (personas con autismo o mayores con alteraciones neurológicas) es necesario profundizar en los componentes del sistema nervioso que se ven afectados por la iluminación y el sonido. Y para entender cómo es esa adecuación hay que profundizar en la integración sensorial, los procesos del sistema nervioso central que permiten tomar la información de los sentidos, organizarla y responder adecuadamente. Por lo tanto, el documento defiende que hay que combinar muy bien estos, y todos los componentes del diseño, para estar siempre dentro de los límites de tolerancia para la integración sensorial y no provocar rechazos.
“Como arquitecta lo que me interesa es lo más profundo de la persona; su estilo de percepción, sus funciones cognitivas y sus emociones, para favorecer unas condiciones espaciales que sean para ella y para el equilibrio de todos sus sentidos, que son los cinco de los que se habla siempre y esos otros que expresan las relaciones del ser interior de cada uno con los entornos: interoceptivo, propioceptivo y vestibular” comenta Brusilovsky.
Así mismo, tanto Brusilovsky como Quevedo, aseguran que el mayor desafío en este campo es difundir la importancia de la accesibilidad cognitiva y para la integración sensorial en entornos y edificios, así como las metodologías de proyecto que incluyen aspectos de neurociencia en el diseño. Está constatado que el diseño repercute sobre la inclusión o la exclusión de las personas en sus espacios de vida cotidiana: las calles, los parques, un museo o una escuela para ser “para todos” tiene que admitir que el ser humano es diverso. Y en base a esto, subrayan las autoras, el diseño ha de adaptarse o adecuarse, especialmente si son de uso y propiedad pública.