Máquina y monumento

Patrimonio Industrial: Pasado y Futuro

Máquina y monumento

Patrimonio Industrial: Pasado y Futuro

01/09/2022


Ensamble Studio, Casa del Lector, Madrid

La modernidad ha tenido un curioso destino: devorarse a sí misma como Saturno a sus hijos. Concebidos como exigencias de un presente que quería ser futuro, los principios modernos han ido sufriendo, como pocos, el paso del tiempo, de manera que lo que hace cien años era utopía futurista hoy es casi materia arqueológica o, por lo menos, materia patrimonial. La modernidad es ya muy vieja, y sus productos, antaño manifiestos, hoy se clasifican, se protegen, se blindan, para librarlos del diente devorador de la vida contemporánea, aquella de la que los arquitectos modernos decían ser mensajeros.

Esta transformación está afectando a las casas de autor, a las oficinas, a los edificios culturales, pero tiene que ver asimismo con un tipo de construcciones cuya conversión en patrimonio resulta especialmente compleja: los edificios industriales, las viejas fábricas. Compleja, en primer lugar, por la dificultad que implica el cambio de uso de conjuntos concebidos para fines muy concretos y que se dotaron de instalaciones técnicas muy específicas. Compleja, asimismo, por su escala y forma, ajena a la de los edificios convencionales y que obliga a los arquitectos a replantearse muchos prejuicios. Compleja, en tercer lugar, por su estética, tradicionalmente despreciada y cuyo tono tecnológico, en buena medida menor, resulta a veces difícilmente compatible con las aspiraciones estilísticas de los diseñadores y las preferencias estéticas del público. Y compleja, finalmente, por su significado, pues los conjuntos industriales, las fábricas, están tan impregnadas de simbolismo, casi de ideología —desde el siglo XIX se las ha considerado emblemas de la modernidad, del progreso—, que cualquier intervención sobre el patrimonio industrial implica una reprogramación no solo de usos sino también de valores.

Con todo, desde hace varias décadas, las intervenciones en los viejos conjuntos fabriles de Europa, América y Asia, han ofrecido a los arquitectos nuevas oportunidades de trabajo y, en el mejor de los casos, han dado pie a obras extraordinarias en los que el desarrollo de programas mixtos y la combinación de lenguajes han ayudado a recuperar para las ciudades zonas hasta hacía poco muy degradadas y a construir una nueva conciencia patrimonial, más amplia pero también más flexible y más contemporánea.

En este dossier, Arquitectura Viva quiere dar cuenta de los retos del trabajo sobre el patrimonio industrial por medio de tres ejemplos españoles que han supuesto un radical cambio de uso. En primer lugar, una nave de motores en Méndez Álvaro (Madrid), de 1905, transformada por Foster+Partners en el Campus Acciona Ombú. En segundo lugar, un galpón de ladrillo en Santander, de 1908, convertido por Fernández-Abascal+Muruzábal y GFA2 en la sede de la Fundación Enaire. Para terminar, una vieja fábrica de cerraduras en Mondragón, de 1939, rehabilitada por Jovino Martínez Sierra como Edificio Kulturola.

Rafael de La-Hoz, Centro Cultural Daoíz y Velarde, Madrid


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