Arte y cultura  Entrevistas 

Evocación de la obra

Rafael Moneo piensa en voz alta

Luis Fernández-Galiano 
31/12/2020


El primer volumen de la colección Retratos, dedicado a Rafael Moneo, se cierra con una entrevista grabada en Barcelona en 2013 para la serie arquia/maestros, que reproducimos en estas páginas. El escenario fue un gigantesco estudio en tinieblas, donde, rodeados por cámaras, micrófonos y grúas, recorrimos su trayectoria a través de las obras, que se proyectaban en una pantalla a nuestra espalda. La iluminación violenta de los focos creaba una burbuja de intimidad que movía a olvidar la parafernalia en sombras que nos rodeaba, y el diálogo —aquí transcrito como monólogo— pudo fluir sin dificultad.

Que yo sea arquitecto se debe en buena medida a mi padre. Terminado el bachillerato, me atraían sobre todo las letras, y ante las dudas fue él quien me empujó hacia la arquitectura. Por entonces, ingresar en la Escuela era difícil, pero tuve suerte, y además era un estudiante aplicado, acostumbrado a la disciplina y la exigencia por mi padre y por el colegio de los Jesuitas. En aquellos años, los personajes de más peso en la Escuela eran el veterano Leopoldo Torres Balbás y el más joven Javier Sáenz de Oíza, que me llamaría para trabajar con él en el proyecto de Torres Blancas cuando era todavía estudiante.

Tras titularme, fascinado por la Ópera de Sídney, quise trabajar con Utzon, y acudí a su estudio con la ayuda de una beca del Ministerio de Asuntos Exteriores. Tras regresar a España para terminar mi servicio militar, estuve, como sabes, pensionado en la Academia en Roma, a donde fui recién casado con Belén, y allí se sedimentó mi preparación. Los primeros proyectos vendrían después, a través de gente relacionada con mi padre, y prueba de la confianza que tenían en él fue el encargo de la fábrica Diestre, quizá el primero de alguna importancia, y basado sólo en la seguridad que su palabra infundía a quienes producían transformadores en Zaragoza. Mi padre siguió atentamente mi carrera, y me entristeció que no llegara a ver acabada Mérida, una obra que dediqué «a la memoria del ingeniero Rafael Moneo»...[+]


Etiquetas incluidas: