Se rematan las torres y se desploman las bolsas. La culminación del Burj Dubai, el edificio más alto del mundo, coincide con el estallido de la burbuja inmobiliaria del Golfo, mientras en España la terminación de las cuatro torres de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid se produce de forma simultánea al derrumbamiento de los índices bursátiles. Como en otros momentos históricos, la erección de obras en altura va acompañada de la deflación de las expectativas económicas. Así, la Gran Depresión iniciada en 1929 se vio marcada en el perfil de Nueva York por la finalización del Chrysler y del Empire State (rascacielos éste que mantendría durante cuatro décadas el récord de altura), y ese mismo año se inauguraría en Madrid el edificio de la Telefónica, el primer rascacielos europeo. De nuevo, la crisis del petróleo de 1973 socavó la bonanza económica al tiempo que se terminaban las torres del World Trade Center (destruidas el 11-S) y la torre Sears de Chicago, que serían sucesivamente los edificios más altos del planeta, y cuando la crisis, pospuesta artificialmente durante la Transición, golpeó a España unos años más tarde, la finalización en Madrid del Edificio Windsor —destruido por el fuego en 2005— y de la torre del Banco de Bilbao señalarían el momento económico más difícil de la democracia. En 1996, el pinchazo de la burbuja asiática tuvo su correlato arquitectónico en la terminación en Kuala Lumpur de las Torres Petronas, otra vez un récord de altura coincidente con una crisis económica, y ese mismo año se inauguraron en la capital española las torres KIO, cuya paralización en 1993 fue un símbolo del declive económico y el desánimo social durante la última etapa del gobierno de Felipe González...


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