Arquitectura Viva
martes, 25 de febrero de 2020
15/01/2020

La belleza conservadora, Roger Scruton, 1944-2020

Luis Fernández-Galiano

El filósofo conservador británico murió el 12 de enero a los 75 años, víctima del cáncer detectado seis meses antes. Intelectual público y autor prolífico, deja tras de sí —amén de varias novelas y dos óperas— más de cincuenta libros sobre temas tan diversos como la caza, el vino, el sexo o la religión. Sus dos temas fundamentales, sin embargo, fueron la estética de las artes y el pensamiento político, a los que dedicó sus primeras obras y las últimas. Como su admirado Edmund Burke, transitó de la estética a la política; lo mismo que él, su conversión al conservadurismo se produjo tras la experiencia del desorden francés, la revolución de 1789 en un caso y la revuelta de 1968 en el otro.

En 1974 publicó la que había sido su tesis doctoral en Cambridge, Art and Imagination, y en 1979 apareció una obra esencial, The Aesthetics of Architecture, que se sigue reeditando todavía hoy, y donde defiende la objetividad de los juicios estéticos —argumentando que no puede separarse la razón práctica kantiana del entendimiento estético, vinculando así la moral y la belleza— y expresa su admiración por la arquitectura clásica que se extiende desde Brunelleschi hasta Maderno. Su pasión por el clasicismo se ampliaría con el tiempo a lo vernáculo y al uso de patrones compositivos en el París de Haussmann o el Londres georgiano, y su prólogo de 2013 procura cubrir la ausencia de consideraciones urbanas en el libro defendiendo la ciudad tradicional frente a la suburbanización, y elogiando las aportaciones de arquitectos como Christopher Alexander o Léon Krier; algo que había ensayado ya en 1995 en The Classical Vernacular: Architectural Principles in the Age of Nihilism, y llevado al gran público en la serie de la BBC Why Beauty Matters de 2009, y al libro Beauty del mismo año.

Aunque también escribió sobre la estética de la música —un terreno donde sus simpatías se repartían entre Wagner y Schoenberg—, fue la protección del paisaje británico el tema cultural que más reclamó su atención, como presidente desde 2018 de la comisión gubernamental Building Better, Building Beautiful, establecida con el propósito de mejorar el diseño de viviendas y áreas residenciales. La vocación de intervención política estaba ya definida en The Meaning of Conservatism de 1980, sin duda su obra más importante e influyente, donde defendía el conservadurismo tradicionalista frente al neoliberal de Margaret Thatcher, y cuyo argumentado fundamentalismo dificultó su carrera académica. Durante los años 80 colaboró con la oposición de los países del Este en la organización de actividades universitarias clandestinas, lo que le valió el reconocimiento posterior de los gobiernos de la República Checa, Polonia o Hungría, recibiendo distinciones de Vaclav Havel o Victor Orban. En The Salisbury Review, le revista que dirigió durante dos décadas, o en libros como Thinkers of the New Left (publicado originalmente en 1985, y muy ampliado en la edición de 2015) criticó contundentemente a los pensadores radicales de la postguerra europea, desde Sartre, Foucault o Lukács hasta Adorno, Horkheimer o Habermas, e incluyendo también a americanos liberales como Rorty, Galbraith, Dworkin o Rawls, mientras no tenía sino humor satírico para la ‘logorrea’ de los Althusser, Lacan, Deleuze, Badiou o Žižek.

En el terreno de la arquitectura rechazaba juzgarla espacialmente —oponiéndose a la ortodoxia que tiene origen en Paul Frankl—, elogiaba la composición de Gaudí o los detalles de Mies, y admitía que la modernidad había creado obras maestras como las casas de Wright o Ronchamp. Pero también tenía sus bestias negras, y muy especialmente Eisenman, Koolhaas y Libeskind, cuyas pretensiones intelectuales consideraba demolidas por Tom Wolfe, lo mismo que las de los llamados ‘científicos sociales’ habían sido desacreditadas por Alan Sokal y Jean Bricmont. Quizá por eso es significativo que, si The Aesthetics of Architecture se cierra con una imagen de la fachada de Santa Maria in Campitelli, la iglesia romana que es la obra maestra de Carlo Rainaldi —por cierto no identificado en el libro como autor, a diferencia de lo que ocurre en la mayor parte de las arquitecturas reproducidas—, el libro de Eisenman sobre Palladio se inicia precisamente con esta iglesia, muy posterior al arquitecto vicentino, pero cuyas fracturas compositivas remite el estadounidense a la obra de éste. Imagino que la fascinación de ambos por Rainaldi tiene origen en la lectura compartida de Wittkower, pero aún así hay que reconocer que la arquitectura crea muy extraños compañeros de cama. Y si alguna moraleja se desprende de esta anécdota, quizá sea la de animar a leer a Roger Scruton, por lejos que creamos hallarnos de su belleza conservadora.
   

AV Monografías 221 - DILLER SCOFIDIO+R AV Monografías
analiza en cada número un tema relacionado con una ciudad, un país, una tendencia o un arquitecto; incluye artículos de destacados especialistas, y comentarios de obras y proyectos ilustrados en detalle. Se publica en edición bilingüe español-inglés.
Arquitectura Viva 221 - ZAHA HADID Arquitectura Viva
cubre la actualidad, dando cuenta de las tendencias recientes y organizando los contenidos en secciones: tema de portada, obras y proyectos, arte y cultura, libros, y técnica e innovación. A partir de 2013 se publica mensualmente, en edición bilingüe español-inglés.
AV Proyectos 96 - MECANOO AV Proyectos
es el tercer miembro de la familia AV: una publicación bilingüe dedicada esencialmente a los proyectos (con especial atención a los concursos y detalles constructivos) que hasta ahora se han venido tratando de forma más sucinta en las otras dos revistas.
;
Editorial Arquitectura Viva SL - Calle de Aniceto Marinas, 32 - E-28008 Madrid, España - Tel: (+34) 915 487 317 - Fax: (+34) 915 488 191 - AV@ArquitecturaViva.com - Últimas Noticias en RSS